La parálisis facial es una condición médica que surge de manera repentina y que genera gran preocupación y angustia. En este artículo exploraremos sus causas, tipos y opciones de tratamiento para despejar todas las dudas sobre este trastorno.

¿Qué es la parálisis facial?

Es la incapacidad para mover los músculos de la cara de forma voluntaria. Ocurre cuando el nervio facial (VII par craneal), responsable de controlar los músculos de la expresión facial, el cierre de los párpados, la función de las glándulas lagrimales y salivales, y parte del sentido del gusto, se inflama, se comprime o sufre un daño, por lo que los mensajes del cerebro no llegan correctamente a los músculos faciales, resultando en debilidad o parálisis.

paralisis facial

 

Tipos

Parálisis facial central

Se origina por una lesión en la corteza cerebral o en las vías nerviosas que conectan el cerebro con el núcleo del nervio facial en el tronco encefálico. Se manifiesta predominantemente en la mitad inferior de la cara. El paciente suele conservar la capacidad de fruncir la frente y cerrar el ojo con normalidad, pues las áreas cerebrales que controlan la parte superior de la cara reciben inervación de ambos hemisferios cerebrales.

Parálisis facial periférica

Resulta de una lesión del nervio facial en cualquier punto de su trayecto. Se ve afectada toda la mitad de la cara: la frente, el ojo, la mejilla y la comisura labial. La forma más común de parálisis periférica es la Parálisis de Bell, que es de causa idiopática (desconocida).

Grados

Grado I (Normal)

Función facial normal en todos los aspectos. No hay debilidad ni asimetría.

Grado II (Disfunción leve)

En reposo, la simetría es normal. Al mover la cara, se observa una leve debilidad con un cierre ocular completo con esfuerzo mínimo. Puede haber una sínquinesia leve (movimientos involuntarios asociados, como cerrar el ojo al sonreír).

Grado III (Disfunción moderada)

La asimetría es evidente al mover la cara. Hay debilidad notable pero el cierre del ojo se puede lograr con esfuerzo. Puede haber contractura facial.

Grado IV (Disfunción moderadamente grave)

Asimetría evidente en reposo. El movimiento es muy limitado y el cierre del ojo es incompleto.

Grado V (Disfunción grave)

Solo se perciben movimientos musculares apenas perceptibles. Asimetría marcada en reposo. No hay movimiento facial útil.

Grado VI (Parálisis total)

Pérdida total de la función motora. No hay movimiento alguno.

Diferencia entre parálisis facial central y periférica

La parálisis Central es una lesión en el cerebro. Afecta solo a la parte inferior de la cara, se conserva el movimiento de la frente y el cierre del ojo. Suele estar asociada a otros síntomas neurológicos como debilidad en un brazo o pierna, dificultad para hablar o alteraciones de la conciencia, una urgencia médica absoluta.

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La parálisis Periférica es una lesión en el nervio facial. Afecta a toda la hemicara (parte superior e inferior). No se puede fruncir la frente ni cerrar el ojo completamente. Es el tipo más frecuente.

Causas

Parálisis de Bell (idiopática)

Es la causa más común de parálisis facial periférica (60 a 75% de los casos). Se cree que está relacionada con la reactivación de virus como el herpes simple. Provoca una inflamación del nervio facial que lo comprime dentro de su canal óseo.

Infecciones

Diversas infecciones pueden dañar el nervio facial. Las más comunes son el herpes zóster, la enfermedad de Lyme, la meningitis, la mononucleosis o el VIH.

Traumatismos

Un golpe fuerte en la cabeza o una fractura del hueso temporal pueden seccionar o comprimir el nervio facial. También puede ocurrir durante cirugías de oído, glándulas parótidas o cerebrales.

Tumores

Tumores cerebrales o de la glándula parótida pueden presionar el nervio facial y provocar una parálisis. Suele ser de inicio lento y progresivo.

Accidentes cardiovasculares (ACV)

Un ACV isquémico o hemorrágico es la causa principal de la parálisis facial central, al dañar las áreas motoras del cerebro.

Síntomas

Los síntomas incluyen debilidad o parálisis repentina en un lado de la cara, dificultad o imposibilidad para sonreír, fruncir el ceño o silbar, para cerrar el ojo del lado afectado, sequedad ocular o lagrimeo excesivo, caída de la comisura labial, provocando babeo, alteración del sentido del gusto en los dos tercios anteriores de la lengua, hipersensibilidad al sonido (hiperacusia) en el oído afectado, dolor en o detrás de la oreja, que a veces precede a la parálisis, dificultad para articular palabras con claridad y asimetría facial evidente en reposo.

¿Cómo se diagnostica?

Un médico (neurólogo u otorrinolaringólogo) preguntará sobre el inicio de los síntomas, antecedentes de infecciones, traumatismos o factores de riesgo cardiovascular.

Se evalúa la movilidad de los músculos faciales para determinar si es central o periférica y el grado de severidad.

Pueden ser necesarias pruebas complementarias como electromiografía (EMG) y estudios de conducción nerviosa para evaluar el daño y el pronóstico, resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC) para descartar un ACV, un tumor o otras causas estructurales, y análisis de sangre para detectar infecciones.

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Tratamiento de la parálisis facial

Medicamentos

Los corticoides (Prednisona) reducen la inflamación del nervio y mejoran significativamente las posibilidades de recuperación completa.

Los antivirales se usan en casos específicos, como cuando se sospecha de una infección viral por herpes zóster, a menudo combinados con corticoides.

Las lágrimas artificiales y lubricantes oculares son esenciales para proteger la córnea de la sequedad y posibles ulceraciones si el ojo no se cierra bien.

Rehabilitación y fisioterapia

Los ejercicios de fisioterapia, guiados por un especialista, incluyen movimientos suaves y específicos frente a un espejo para reeducar los músculos.

La estimulación eléctrica neuromuscular (electroterapia) puede ser útil en fases determinadas para estimular el músculo.

La biorretroalimentación ayuda al paciente a tomar conciencia del movimiento muscular.

La logopedia puede ser necesaria si hay afectación del habla.

Tratamiento quirúrgico

Se usa en casos muy específicos.

La descompresión del nervio facial para aliviar la presión sobre el nervio en su canal óseo (controvertida y no exenta de riesgos), o la cirugía para casos de secuelas en parálisis permanentes, con cirugía plástica y reconstructiva, como transferencias musculares, injertos nerviosos o lifting de cejas y párpados para mejorar la simetría y la función.

¿Qué no debes hacer cuando tienes parálisis facial?

No debes automedicarte, aplicar calor excesivo o masajes bruscos sin supervisión médica, forzar los músculos con ejercicios agotadores, ya que puede favorecer las sincinesias, ni descuidar la protección del ojo, que es la complicación más inmediata y grave.

Recuperación y cuidados en casa

Se pueden usar lágrimas artificiales durante el día y pomada lubricante por la noche, realizar los ejercicios recomendados por el fisioterapeuta con suavidad y constancia.

También masajear suavemente la cara en dirección ascendente para mejorar la circulación, comer despacio, masticando por el lado no afectado y optando por texturas fáciles de tragar.

La afectación de la imagen personal puede ser dura, por lo que buscar apoyo en familiares, amigos o un profesional es fundamental.

Consejos y recomendaciones para su prevención

Controlar los factores de riesgo vascular

Llevar una vida saludable para prevenir la hipertensión y la diabetes, que son factores de riesgo para el ACV (parálisis central).

Evitar el estrés y la fatiga crónica

El estrés debilita el sistema inmunológico y se considera un desencadenante potencial de la Parálisis de Bell. Practicar técnicas de relajación puede ser beneficioso.

Protegerse de las infecciones

Es necesario vacunarse según el calendario, y en zonas endémicas, tomar precauciones contra las garrapatas para prevenir la enfermedad de Lyme.

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Abrigarse en climas fríos

Se cree que la exposición al frío extremo podría ser un factor desencadenante. Abrigar la cabeza y el cuello en días muy fríos es una medida prudente.

Preguntas frecuentes (FAQs)

¿Cómo diferenciar un ACV de una parálisis facial?

En un ACV (parálisis central), la parálisis afecta solo a la parte inferior de la cara. La persona puede cerrar los ojos y levantar las cejas. Además, suele presentar otros síntomas como debilidad en un brazo o pierna, dificultad para hablar, confusión o dolor de cabeza intenso. En la parálisis facial periférica (como la de Bell), se afecta toda la hemicara, incluyendo la frente y el ojo. Ante la duda, es una urgencia médica.

¿Cómo empieza la parálisis facial por estrés?

Suele ser repentina. La persona puede notar un dolor detrás de la oreja o simplemente despertarse por la mañana con dificultad para mover un lado de la cara, notar que la boca se tuerce o que no puede cerrar un ojo correctamente. El estrés actúa como un desencadenante al debilitar el sistema inmune y reactivar virus latentes.

¿Cuánto tiempo dura la parálisis facial?

En el caso de la Parálisis de Bell, la mayoría de los pacientes comienzan a mejorar en 2 a 3 semanas y alrededor del 70 a 80% se recuperan completamente en un plazo de 3 a 6 meses. Un pequeño porcentaje puede tener secuelas permanentes.

¿Pueden el estrés y la ansiedad causar parálisis?

Son factores de riesgo y desencadenantes importantes. El estrés crónico afecta al sistema inmunológico y puede crear las condiciones para que se desarrolle una Parálisis de Bell.

¿Qué provoca la parálisis facial en niños?

Las causas en niños son similares a las de los adultos y la Parálisis de Bell es la más común. Otras causas incluyen infecciones traumatismos durante el parto o en la infancia, y, en raras ocasiones, tumores.

Conclusión

La parálisis facial es un evento que impacta significativamente la vida de una persona. Pero el diagnóstico temprano por un profesional y el tratamiento adecuado, maximizan las posibilidades de una recuperación satisfactoria. La paciencia, los cuidados paliativos, especialmente la protección ocular, y el apoyo emocional son pilares igual de importantes en el camino hacia la recuperación.

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